Elena Scotti/FUSION

La llegada de la presidencia de Trump ha dejado a México con pocas opciones más que esperar lo mejor y prepararse para lo peor. Pero el gobierno mexicano aún no tiene estrategia para lidiar con Trump.

Trump ha dicho que va buscará crear nuevos impuestos para las importaciones mexicanas, renegociar el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), construir un muro en la frontera, y deportar a millones de inmigrantes indocumentados. Sus intenciones son claras, pero al parecer el gobierno mexicano sólo ha nombrado un nuevo secretario de relaciones exteriores con conexiones en el gabinete de Trump.

El ex canciller Jorge G. Castañeda sugiere que México debe esforzarse para frenar el proceso de deportaciones pidiendo al gobierno de Estados Unidos comprobar mediante documentación que las personas que busca mandar a México son ciudadanos mexicanos. También hay llamados para que México subraye los protocolos internacionales que supuestamente limitarían las deportaciones de Trump a 60,000 cada año —mucho menos de los millones que el próximo presidente promete expulsar “inmediatamente”.

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México tiene cartas para negociar mediante la seguridad binacional y el control del flujo de inmigrantes desde Centroamérica.

Pero el gobierno debilitado de Enrique Peña Nieto está en desventaja ante una agresiva Casa Blanca y un Congreso controlado por los republicanos que buscará fortalecer el conservadurismo dentro de las cortes federales que toman los casos migratorios.

Aquí hay ocho propuestas que México puede implementar para prepararse:

Desacreditar las narrativas falsas

México debe aclarar que muchos de los inmigrantes indocumentados que pueden ser expulsados de los Estados Unidos no son criminales peligrosos, aunque el gobierno estadounidense los suele describir como “extranjeros criminales”.

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Muchos de los deportados simplemente cometieron una infracción de tráfico o violaron las leyes migratorias. Estigmatizarlos como criminales ayuda a generar apoyo para impulsar políticas en contra de la migración en Estados Unidos. Pero México no se debe tragar el discurso.

AP

Estas generalizaciones negativas perpetúan la marginación de los deportados que batallan para rehacer sus vidas en su país de origen. Muchos deportados han sido tratados como ciudadanos de segunda clase en ciudades fronterizas como Tijuana y Ciudad Juárez.

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El gobierno debería trabajar para cambiar la narrativa y generar un entorno social de aceptación para los mexicanos repatriados. Necesita insistir que la mayoría de ellos son muy trabajadores y han adquirido los mejores valores de tanto Estados Unidos como México.

Cuestionar las matemáticas de Trump

México necesita cuestionar la declaración de Trump de que su gobierno inmediatamente deportará entre 2 y 3 millones de inmigrantes criminales indocumentados.

La verdad es que nadie sabe de dónde sacó ese número.

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En un reporte de 2013, el Departamento de Seguridad Nacional calculó que habían 1.9 millones de “extranjeros criminales” viviendo en los Estados Unidos que podrían expulsar, pero otros reportes tienen cifras distintas. En 2015 el Instituto de Política Migratoria calculó que sólo habían 820,000 inmigrantes indocumentados convictos en los Estados Unidos.

En 2016 el Servicio de Investigación del Congreso reconoció en un reporte que la “inconsistencia en la calidad, recopilación y definición de datos limita una enumeración precisa del total de extranjeros criminales y sub-grupos importantes de extranjeros criminales que han sido condenados por ofensas que meritan deportación y delitos mayores”.

Trump parece estar repitiendo cifras sin entenderlas.

ASSOCIATED PRESS

“No sabemos de dónde sacó ese número de dos a tres millones”, me dijo Doris Meissner, ex comisionada del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) de los Estados Unidos y experta del Instituto de Política Migratoria.

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Sea como sea, ella asegura que “será muy difícil aumentar el número de deportaciones de lo que la administración de Obama hizo hace un par de años”. Aún si Trump encuentra millones de inmigrantes indocumentados con antecedentes criminales, las agencias migratorias estadounidenses simplemente no tienen los recursos o la capacidad para realizar redadas masivas y expulsarlos del país, dice Meissner.

“No puedes decir de un día al otro que vas incrementarlo a dos millones”, dijo Meissner. “No existe la infraestructura para llevar acabo eso”.

Financiar programas de defensa legal para frenar las deportaciones

El alcalde de Los Ángeles Eric Garcetti recientemente anunció que su gobierno creará un fondo de defensa legal de 10 millones de dólares para apoyar a los inmigrantes indocumentados en las cortes. Chicago también tiene planes para establecer un fondo de protección legal de 1.3 millones de dólares, mientras Nueva York ya tiene uno. Es muy probable que otras ciudades progresistas como San Francisco hagan lo mismo.

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México también debería apoyar estas iniciativas. Podría aumentar el financiamiento de sus propios programas y contratar abogados estadounidenses que puedan apoyar a sus ciudadanos en las cortes migratorias. El gobierno mexicano ya ofrece servicios legales en sus 50 consulados, pero los recursos son escasos y los abogados suelen trabajar demasiado, no ganan mucho y no están muy bien preparados para navegar las leyes migratorias en Estados Unidos.

“Los consulados ya tienen un fondo y un programa para contratar abogados externos que se llama PALE”, me dice Javier Montano, un abogado de inmigración en Miami que trabaja pro bono con mexicanos y centroamericanos. Montano dice que el dinero es insuficiente y que el programa normalmente depende de la buena voluntad de un abogado para cobrar menos por sus servicios.

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“En realidad, no es suficiente. Solamente funciona para casos que los consulados le dan prioridad, como cuando detienen a alguien y sale en las noticias”, dijo Montano.

El gobierno mexicano también podría crear incentivos fiscales para las compañías mexicanas y así financiar los programas de asistencia legal. Sería similar a los incentivos fiscales que el gobierno ya ofrece a las empresas mexicanas que dan dinero a las artes y a las organizaciones benéficas.

Le iría mejor a México si lucha por los derechos de los inmigrantes mediante el sistema legal estadounidense en lugar de intentar trabar las deportaciones una vez que están siendo ejecutadas.

Identificar oportunidades de empleo

No hay ninguna respuesta fácil respecto a cómo crear miles de trabajos para los mexicanos repatriados. Sin embargo, podemos aprender de ciudades fronterizas como Tijuana que ya han estado lidiando con los deportados por años.

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Muchos mexicanos repatriados han conseguido trabajo en centros de llamadas que buscan empleados bilingües y biculturales para incorporarlos a la industria de servicio al cliente.

El Presidente Enrique Peña Nieto recientemente se reunió con empresarios mexicanos para dialogar sobre la creación de empleos para los deportados.

“Hemos tenido en la Asociación de Empresarios Mexicanos (AEM) una serie de reuniones con empresarios mexicanos radicados en Estados Unidos y estadounidenses, bajo una óptica constructiva de cara a cualquier eventualidad”, dijo Eduardo Bravo, un empresario mexicano que forma parte del consejo del Comité Mexicano-Americano de Asuntos Públicos (AMxPAC), un lobby en Estados Unidos.

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"Hay una serie de proyectos productivos sociales que van aprovechar las habilidades de los migrantes en retorno", dijo Bravo.

El gobierno y la iniciativa privada también podrían enfocarse en sectores específicos como las agencias de turismo y cadenas de hoteles que necesitan trabajadores bilingües y biculturales.

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Pero sobretodo México necesita encontrar una manera de recabar datos sobre los deportados para conocer sus habilidades laborales. Así México podría aprender más sobre las necesidades de los que regresan y desarrollar políticas adecuadas mediante el mejoramiento de sus métodos de compilación de datos.

En resumen, México necesita conocer mejor a sus paisanos.

Expandir los programas de educación

México debería prepararse para la deportación de jóvenes mexicanos que están trabajando y estudiando en los Estados Unidos bajo la iniciativa de acción diferida conocida como DACA.

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Ya existen varios programas que se podrían usar como un marco de referencia o que se podrían expandir y ajustar para la entrada de los llamados ‘DREAMers’ y así darles la oportunidad de seguir con sus estudios y encontrar empleo.

“Creamos programas sin realmente pensar en las deportaciones, pero podrían ayudar en ciertos casos”, me dijo Rebeca Vargas, Directora Ejecutiva de la U.S.-Mexico Foundation.

“Nuestro programa ‘1,000 Dreamers-1,000 Leaders’ conecta a los DREAMers con mentores profesionales que trabajan en un sector similar al que ellos quisieran entrar”, explicó Vargas. “También ofrecemos cursos en línea y eventos de networking donde los DREAMers conocen a otros DREAMers y los presentamos con sus mentores”.

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“Tenemos un programa que se llama ‘DREAMers Without Borders’ donde traemos delegaciones a México para que puedan reconectarse con su país de origen mientras fomentamos el orgullo por su herencia mexicana”, dijo Vargas. “Visitan los sedes de varias empresas y se dan cuenta de que también pueden encontrar un trabajo aquí si tienen que regresar en algún momento. Les abrimos nuevos horizontes”.

Vargas y otros socios han estado trabajando con la Secretaría de Educación Pública (SEP) para eliminar obstáculos en la validación de materias cursadas en los Estados Unidos y para que los que regresan no tengan que repetir las mismas clases.

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“Toma en cuenta que aunque son jóvenes, muchos de los DREAMers tienen hijos y nos queremos asegurar de que también se pueda ayudar a sus niños”, dijo Vargas.

En cuanto a la preparatoria o la universidad, dice que todavía se tiene que trabajar caso por caso para llegar a un acuerdo.

Vargas dijo que ha hablado con varias universidades mexicanas sobre la posibilidad de ofrecer clases en línea para que inmigrantes indocumentados que viven en los Estados Unidos tengan acceso a la educación y puedan seguir con sus estudios en México si deciden regresar o si son deportados.

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Un sistema educativo más flexible podría generar el cambio que se necesita.

Fomentar una cultura de voluntariado

México carece de una cultura de voluntariado y filantropía. Esto necesita cambiar y Trump podría ser la causa que une a los mexicanos de todos los estratos socioeconómicos para ayudar a los deportados.

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“No tenemos una cultura de organización y no estamos listos para recibir a la gente”, me dijo Yolanda Varona, una activista de Tijuana que fundó la organización Dreamer Moms.

Varona ha estado en conversaciones con otras organizaciones como Other Dreamers in Action (ODA) para crear programas que podrían ser útiles en situaciones de deportación. “Estamos tratando de recolectar teléfonos celulares para los recién llegados y conseguir una casa para que puedan vivir juntos”.

ASSOCIATED PRESS

También ha organizado campañas de recolección de artículos domésticos como cepillos de dientes y toallas, pero dice que muchas veces la participación comunitaria es decepcionante.

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“De verdad no ha habido ninguna reacción. No hay interés. Me duele decir esto como alguien que fue deportada, pero somos invisibles para esta gente”, dijo Varona. “Las personas deportadas son despreciadas por la sociedad. Nos ven como delincuentes o traidores. Los mexicanos no están preparados mentalmente o socialmente para recibirlos… no existe una conciencia social”.

Varona dice que se necesita más difusión para que la gente se conozca unos a otros, porque “ahora nos pasó a nosotros y mañana les puede pasar a ellos”.

“Necesitamos dejar de hablar de estadísticas y empezar a hablar de las historias reales”.

Proyectar el ‘poder blando’ de México

México puede mejorar su imagen internacional si le muestra a otros países cómo se deben enfrentar a los problemas que surgen con las deportaciones.

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Joseph Nye, profesor de la Universidad de Harvard, dice que el soft power o “poder blando” puede generar admiración global, turismo y apoyo en plataformas internacionales como las Naciones Unidas.

Algunos expertos señalan que esta situación podría tener aspectos positivos si México convierte la tragedia en una oportunidad para mejorar su imagen—otra victoria para David contra Goliat.

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“Mi sugerencia para el gobierno mexicano sería que le ofrezcan ciudadanía a dos nuevos ciudadanos de dos países distintos por cada mexicano que regresa”, dice Simon Anholt, un asesor gubernamental y fundador de Good Country Index contratado por la administración del ex presidente Felipe Calderón.

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“Esto mostraría que los valores mexicanos son opuestos a los de la nueva administración de los Estados Unidos, un país que fomenta de manera activa y celebra la diversidad y los aspectos positivos de la globalización. Si Estados Unidos se aísla girando hacia adentro y hacia atrás, México tiene que girar hacia fuera y seguir adelante”, me dijo Anholt.

México también podría dar un ejemplo a otros países al empezar a tratar a los refugiados centroamericanos con dignidad y humanidad.

Crear un nuevo ‘Pacto por México’

Cuando Peña Nieto empezó su sexenio su administración presentó el llamado “Pacto por México”, un acuerdo entre los tres principales partidos del país para eliminar el estancamiento político y pasar una serie de reformas.

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El pacto fue celebrado por la prensa internacional como un ejemplo en unidad y política civilizada. También podría servir como el marco de referencia para un nuevo pacto que reposiciona a las distintas facciones del país en un frente unido contra Trump.

Los legisladores de la oposición han criticado a Peña Nieto por su timidez ante Trump, pero están hambrientos de unirse bajo una misma estrategia para hacerle frente.

AP

“Es necesario que nos unamos para enfrentar a la nueva administración en Washington”, dijo Armando Ríos Piter, político del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que encabeza la resistencia contra Trump en el senado mexicano.

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“Pero no hay acciones coordinadas entre poderes y otros actores como emprendedores. Hay esfuerzos individuales, pero no existe un frente común”, me dijo.

Ríos Piter visitó California a principios de enero con un grupo de senadores mexicanos para lanzar la “Operación Monarca”, un programa que busca fomentar la cooperación binacional con legisladores estadounidenses para proteger a los inmigrantes mexicanos.

“Queremos crear una agenda legislativa para que las familias que son deportadas puedan integrarse, para que sus estudios puedan ser validados. Estamos identificando sus necesidades y buscando respuestas institucionales”, dijo Ríos Piter.

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También ha contactado a los alcaldes de Chicago, Phoenix y Nueva York para posiblemente idear una alianza estratégica entre los políticos mexicanos y las ciudades estadounidenses que se oponen a Trump.

Actualización: el artículo fue modificado para aclarar los comentarios de Simon Anholt.