Rafa Fernandez/FUSION

CIUDAD DE MÉXICO — Cuando llegamos las cuatro estatuas de mujeres que adornan los pilares del Ángel de la Independencia portaban gorros rojos y en su base colgaban pancartas con lemas como “Mi cuerpo es mío”. Los extremos del monumento que representan la ley, la justicia, la paz y la guerra fueron apropiados para la lucha feminista durante el Día Internacional de la Mujer.

En las escalinatas un grupo de mujeres semidesnudas se pintaban frases en los pechos, el estómago y la espalda. Still not asking for it o “Aún no lo estoy pidiendo” leía el cuerpo de una de las jóvenes en referencia a los argumentos que algunos hombres usan para justificar los abusos y las violaciones. “Mi cuerpo, mis reglas”, gritaba el torso desnudo de otra mujer.

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Otras manifestantes alzaron pósters con las imágenes de Sor Juana Inés de la Cruz, Frida Kahlo, Elvia Carrillo Puerto y Rosario Castellanos. Las mujeres imitaban el icónico grito de guerra popularizado por la serie de los noventa Xena: la princesa guerrera.

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Aquí no hay maquillaje. Solo pintura de guerra. Adelante compañeras.

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Contingentes LGBTI, organizaciones pro-aborto, trabajadoras domésticas, grupos indígenas, feministas, mujeres, hombres y algunos de los sindicatos de siempre se juntaron para marchar hacia el Hemiciclo a Juárez.

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“El mundo tiene que saber que estamos aquí”, nos dijo Alin Mora, una estudiante de 19 años.

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“Mi hijo me preguntó por qué veníamos hoy”, subrayó Mónica López, una madre soltera de 32 años. “Le dije ‘tú naciste de una mujer’. Es súper importante que vaya aprendiendo desde chavito”.

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“Estoy acá por los siete feminicidios al día que tiene nuestro país”, dijo Paulina Cepeda, quien se describió como una cabaretera de 28 años.

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“¡Despídete de tu verga violador de mierda!” y “¡Verga violadora a la licuadora!” coreaban varias personas al marchar sobre Avenida Reforma. “¡Saquen sus rosarios de nuestros ovarios!”

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"¡No, ya te dije que no! Pendejo, no! Mi cuerpo es mío, yo decido, tengo autonomía, yo soy mía porque yo, ya te dije que no!”, cantaba un grupo al ritmo de tambores.

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Otras manifestantes se dedicaban a pegar vaginas dibujadas en los monumentos a los grandes hombres de la historia de México. “Aborta el sistema patriarcal”, leía el graffiti de algunas paredes.

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"Hoy es un gran día para abortar" pintarrajeado sobre las banquetas, los muros, las calles.

“Es importante salir a estas marchas y mostrar que el patriarcado es algo verdadero. Lo tenemos que tumbar”, dijo Carlota Ramírez, una estudiante de 20 años.

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“Esta es una sección de solo mujeres lesbianas”, nos dijo una señora con maquillaje púrpura en la cara. La ironía era latente. Nos salimos para seguir caminando por la banqueta. Pero quizá es uno de los puntos de la marcha; que los hombres lleguen a comprender que se siente ser excluidos.

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Algunas manifestantes atacaron a un hombre con una pancarta que leía: "Jesucristo ama a las mujeres pero no al feminismo”. Lo empujaron y le tiraron pintura negra encima. Según algunos informes de medios, una mujer fue golpeada por un hombre durante la marcha.

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El cielo comenzó a chispear. Pero los gritos continuaron, los bailes, los saltos, la calle vibraba. “¡No, ya te dije que no! Pendejo, no!”

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Una niña seguía el ritmo de los tambores y los cantos pegándole a un sartén con una cuchara — los símbolos del machismo invertidos para celebrar a la mujer.

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