AP

Hace casi 10 años el Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP) batallaba para cumplir con las órdenes de la administración George W. Bush para contratar más agentes. Sin embargo, en aquel entonces la agencia gastaba un millón de dólares para poner su logotipo en el cofre de un coche de carreras de NASCAR.

También gastaron un lanon en comerciales de televisión que se transmitieron durante los partidos de fútbol americano de los Dallas Cowboys. Firmaron un contrato con la asociación de Jinetes Profesionales de Toros y juntos declararon que la “determinación, valentía y habilidades” necesarias para montar un animal furioso que brinca se aplicarían para mantener a los “ilegales” fuera de Estados Unidos.

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Esto ocurrió en 2008, el mismo año en que el Consejo Nacional del Control de la Frontera publicó un informe sobre las consecuencias de reclutar a 10 mil agentes en dos años y medio. La administración Bush destinó grandes sumas de dinero para “fortalecer” la frontera como parte de su proyecto de seguridad interna después de los ataques terroristas del 11 de septiembre. El número de agentes fronterizos se disparó durante las presidencias de Bush y Obama.

El informe de 2008 reveló que varios de los requisitos educativos fueron ignorados durante las contrataciones y que algunos reclutas tenían un nivel de lectura equivalente al de un estudiante de secundaria. Los materiales de trabajo comenzaron a desaparecer de las oficinas con más frecuencia – lo cual sugiere que tal vez la agencia no investigó a los nuevos reclutas.

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En aquel entonces los voceros de la agencia argumentaron que cada vez era más difícil encontrar a candidatos calificados. Entre 2005 y 2012, un agente estaba siendo arrestado al día por mala conducta.

EL Consejo Estadounidense de Inmigración publicó un informe recientemente que relata la cultura de corrupción y violencia que existe dentro de las agencias migratorias. “La administración Trump quiere repetir la historia”, lee el informe. La expansión del control de la frontera durante la administración Bush es la única referencia que tenemos con respecto a la orden ejecutiva de febrero, la cual pide contratar a 5,000 agentes fronterizos y a aproximadamente 100,000 nuevos empleados para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

En un esfuerzo por “quitarle las esposas” a las agencias de inmigración y aduanas, la administración Trump supuestamente planea recortar hasta $5 mil millones de dólares de los presupuestos de la Administración de Seguridad de Transporte (TSA), la Guardia Costera y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA). CBP ya está anticipando otra ola de contrataciones y ha empezado a reducir sus estándares de contratación, según los documentos que se han filtrado a la prensa. Ya han tenido problemas con la retención de sus agentes. La agencia tenía 1,600 puestos disponibles cuando Trump firmó la orden en febrero.

La urgencia para contratar a más empleados ha transformado a la agencia en una institución que se resiste a ser supervisada. La mayoría de los abusos y el uso de la fuerza letal ocurren sin despertar mucha polémica. En 2015, la Unión Americana de Libertades Civiles publicó casi 6,000 páginas de registros de denuncias y arrestos que recibió después de demandar al Departamento de Seguridad Interna (DHS) para poder tener acceso a los datos – aparentemente en la mayoría de los casos los agentes no fueron disciplinados.

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Algunos casos de alto perfil estuvieron bajo la lupa pública. Uno de los casos más sonados fue la historia de dos hermanas adolescentes provenientes de Guatemala que presentaron una demanda contra DHS en 2016. Acusaron a un agente de abusar sexualmente de una de ellas durante una supuesta inspección después de ser detenidas en el desierto de California.

Hace algunos años, el agente fronterizo Esteban Manzanares secuestró a una mujer hondureña y a sus dos hijas después de que se entregaran sin poner resistencia. Las violó y las dejó por muertas antes de suicidarse. Manzanares ya había sido un sospechoso en incidentes anteriores, pero los casos se retrasaron y la investigación en su contra se estancó.

Algunas personas que han trabajado de cerca con el Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras también están preocupadas por la expansión del Departamento de Seguridad Interna. Algunos funcionarios de las administraciones Obama y Bush han cuestionado los planes de Trump. James Tomsheck, ex miembro del servicio secreto y ex director de asuntos internos de la CBP, ha sido muy franco sobre la cultura dentro de las agencias.

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Tomsheck dijo que cuando trabajaba en el gobierno se les “aseguró [a los agentes] que no eran una fuerza policiaca sino una agencia militar que tenía la tarea de proteger la frontera”. En una entrevista de 2014 con el Centro de Periodismo Investigativo, Tomsheck explicó que algunos agentes se consideraban como “la marina” de los policías estadounidenses. Tras la orden de Trump para darle más poderes a la agencia, Tomsheck ha insistido que los nuevos reclutas deben pasar un detector de mentiras para evitar contratar a solicitantes con historiales criminales o problemas de abuso de drogas. Actualmente ICE no usa la prueba.

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Sin embargo, una prueba de detección de mentiras no cambiaría la cultura de la agencia y tampoco prevendría que los 10 mil nuevos agentes de ICE adopten los mismos hábitos. Tomsheck le dijo a la revista The New Yorker a principios de este año que la actitud de la patrulla fronteriza siempre ha sido agresiva. Una mentalidad agresiva tal vez funcionaba cuando la patrulla fronteriza solamente contaba con 75 agentes que entraban y salían de El Paso, Texas.

Ahora es más difícil justificar esa mentalidad cuando el país gasta más en sus agencias de inmigración que en cualquier otra agencia federal. Es aún más difícil justificar esta mentalidad cuando eres la agencia favorita del presidente.

Un periodista del diario Los Angeles Times recientemente escribió un artículo sobre “The Green Line” (La línea verde) – un podcast para agentes de inmigración. En las entrevistas, los agentes aseguran que finalmente están orgullosos porque el gobierno federal les está prestando atención después de ser ignorados y reprimidos por las administraciones anteriores. “Yo culparía a la agencia por rendirse cada vez que había una protesta o cuando un grupo de defensores de los derechos de inmigrantes denunciaba algo que hicimos”, dijo Shaw Moran, ex director del sindicato de agentes fronterizos.

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Seguramente habrá personas a quienes les interesa la cultura militante. Algunos grupos de derechos de inmigrantes han publicado informes que sugieren que miembros del sindicato de la CBP están colaborando con grupos de odio como la Federación para la Reforma Migratoria. Borrar los límites entre los ciudadanos con armas y una agencia federal con un presupuesto de $18 mil millones de dólares puede generar situaciones terribles. En un estudio publicado esta semana, el grupo conservador Centro para Estudios Migratorios dijo que la agencia no debería entrenar a más agentes y mejor debería emplear a una fuerza de ciudadanos como las que ya existen.

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No todos los nuevos agentes serán malos como los que asaltaron a las hermanas en California. En muchos lugares, estos son algunos de los mejores trabajos disponibles. En Del Río, Texas, donde el ingreso promedio es $41,000 dólares, la patrulla fronteriza ha organizado un evento para reclutar a más agentes. Dicen que el salario inicial es $53,583, con una garantía de $97,486 después de cuatro años.

Sin embargo, nadie sabe cómo funcionarán las agencias migratorias cuando estos nuevos agentes califiquen para esas cantidades de dinero. La historia nos dice que no será nada bueno.