Elena Scotti/FUSION

De niño la realidad y el arte influyeron mis conceptos sobre los muros fronterizos.

Me acuerdo de ver las imágenes del muro de Berlín en los noticieros de la tarde. El concreto estaba cubierto con alambre de púas y grafitti. Representaba la arquitectura soviética de la opresión y la tiranía en una tierra lejana.

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También recuerdo los tenebrosos martillos que marchaban en The Wall, un video musical de Pink Floyd. Los niños marchando. Los niños enfurecidos. El sonido inconfundible del bajo.

http://giphy.com/gifs/pink-floyd-colNSwJiGTOq4

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Esas imágenes y la banda sonora produjeron un sano repudio por los muros en mi mente. Monumentos al autoritarismo distópico que llevan al aislamiento y el encarcelamiento. Estructuras construidas por regímenes totalitarios y patrulladas por guardias con cascos.

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Los muros son construidos para encarcelar a la gente y mantener el progreso fuera.

Ese pensamiento fue validado en noviembre de 1989 cuando los alemanes finalmente derribaron el muro de Berlín con piquetas y mazos. Finalmente ayudaron a los residentes del este a pasarse al otro lado y comprarse un par de jeans decentes.

Soy más viejo ahora, pero mi visión sobre los muros no ha cambiado. Todavía representan los errores y la estupidez de los regímenes autoritarios que no entienden la historia o la naturaleza humana.

Así que cuando Donald Trump lanzó su campaña presidencial con la promesa de construir un “gran, hermoso” muro en la frontera con México, parecía otra idea estúpida de un hombre estúpido. Pero en aquel entonces ni el candidato ni su propuesta parecían reales.

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Construir el muro podría costar entre 15 y 25 mil millones de dólares, más $700 millones para su manutención. Y la construcción de un muro podría ser casi imposible ya que hay áreas de terreno que simplemente no se pueden atravesar.

Incluso si se llega a construir, sería una estructura sin sentido.

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“Construye un muro de diez pies y te enseñaré una escalera de 11 pies”, dijo el ex director del Departamento de Seguridad Interna Jeh Johnson en septiembre durante un discurso. “Si alguien está lo suficientemente motivado para irse de Centroamérica y atravesar todo México y escalar una montaña de 10,000 pies, no los va a detener un muro de 10 pies”.

Johnson dijo que Estados Unidos ya tiene suficientes bardas a lo largo de la frontera — aproximadamente 650 millas en áreas urbanas donde un muro sí hace sentido.

Construir más muros en áreas desoladas del desierto o en las montañas no hace sentido al menos que tengas torres con guardias. El Chapo Guzmán podría llegar a decir que ningún muro es lo suficientemente grande para construir un túnel por debajo.

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Los muros son inconvenientes, pero no disuaden. Incluso si Trump llega a construir su muro de 40 pies, las personas que están lo suficientemente desesperadas para irse de sus casas van a encontrar una manera de entrar — por debajo, por arriba o de lado.

El muro tampoco va a detener a los criminales. Prohibir las drogas no detuvo a los cárteles. De hecho ocurrió lo opuesto. La actividad criminal siempre florece ante un régimen de prohibición y un muro podría acabar ayudando a las redes de tráfico de personas. Le daría a los cárteles mexicanos un nuevo negocio y más ingresos.

Pero la lógica y el sentido común parecen no afectar la fantasía de Trump. En su mundo Orwelliano de hechos alternativos el gran muro hace sentido.

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Así que dejemos que Trump lo construya. Entre antes mejor. Y asegurémonos que le ponga su nombre. Va ser literalmente el fracaso más concreto de su presidencia.

Estados Unidos necesita abrir los ojos y ver la realidad. Y tal vez necesita un grande e ineficiente muro construido a medias para darse cuenta.

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Lo peor que puede pasar es que se posponga la construcción. Si Trump continúa haciendo campaña para construir un muro en 2020, será nuestro fracaso, no el suyo.

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Así que dejemos que comience a construir ahora. Entre más rápido esté listo, más rápido se desmorona. Y una vez que Trump se vaya de la presidencia, podremos derrumbar el muro como los alemanes en el 89. Podremos volver a abrazar a nuestros hermanos mexicanos e incluso podremos convencer a Roger Waters a que se pare en las ruinas y de un concierto.