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BOGOTÁ—El presidente de Colombia Juan Manuel Santos no consiguió que Colombia ratifique su acuerdo de paz con las FARC. Pero la comunidad internacional le ha otorgado un reconocimiento importante: El Premio Nobel de la Paz.

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El viernes, Santos recibió el premio de paz más distinguido del mundo por sus esfuerzos para terminar la guerra de 52 años entre el gobierno de Colombia y el grupo guerrillero de índole comunista.

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El premio fue anunciado tan solo días después de que los colombianos votaran en un plebiscito y rechazaran por un margen muy cerrado al acuerdo de paz que había sido concebido entre el gobierno de Santos y las FARC. Los resultados del plebiscito sorprendieron a Colombia y al mundo.

A pesar de esta inesperada derrota, el comité noruego del Premio Nobel honró a Santos ya que "se ha acercado de forma significativa hacia una solución pacífica para el sangriento conflicto".

El comité espera que el premio le de un segundo aire a Santos y a las víctimas de la guerra para que sigan trabajando por una solución pacífica al conflicto que ha acabado con las vidas de 220,000 personas.

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“El hecho de que una mayoría de votantes haya rechazado el acuerdo de paz no significa necesariamente que el proceso esté muerto. El plebiscito no era un voto a favor o en contra de la paz, sino un voto sobre un acuerdo de paz específico”, dijo el comité del Nobel.

El premio subraya el apoyo internacional que existe para el proceso de paz del Presidente Santos, un proceso que ha sido aceptado ampliamente por círculos diplomáticos, pero que ha sido difícil de vender en Colombia.

La negociación, que ha durado cuatro largos años, ha recibido el apoyo de los gobiernos de Noruega, Estados Unidos y Cuba.

“Esto es un bocanada de aire fresco para el presidente en un momento de crisis”, dijo Ariel Ávila, un politólogo que analiza el conflicto en Colombia y discutió el asunto en un noticiero local esta mañana. “También pone presión sobre la oposición” para generar un nuevo acuerdo.

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Desde que se rechazó el acuerdo el domingo pasado, Santos se ha juntado con los líderes de la oposición con la intención de hacer modificaciones al acuerdo y presentarlas ante los negociadores de las FARC.

Los grupos que encabezaron la campaña en contra del acuerdo han dicho que Santos les otorgó demasiadas concesiones a los guerrilleros, incluyendo penas reducidas para quienes han cometido crímenes de guerra, y cupos garantizados en el congreso de la nación.

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Los defensores del acuerdo sin embargo, acusan a la oposición de obstruir el tratado para su propio beneficio político. Subrayan el hecho de que la oposición busca modificar un sistema de justicia transicional que está ligado al tratado, y podría investigar el involucramiento de líderes conservadores en crímenes de guerra.

Ávila dice que puede tomar varios meses para que la guerrilla, el gobierno y la oposición lleguen a un nuevo acuerdo. Mientras tanto, el ejército y los rebeldes intentarán mantener un frágil cese al fuego. Por otro lado, la guerrilla, que estaba lista para convertirse en un partido político, tendrá que encontrar una manera de mantener el sustento de sus tropas, sin que recurran a la extorsión de negocios e individuos.

Las reacciones al premio de Santos han sido mixtas. Mientras que los aliados de Santos aplaudieron el anuncio, el líder de la oposición, el expresidente Álvaro Uribe, lo felicitó con un tono algo sarcástico.

Timochenko, el líder de las FARC, parece haber mostrado algo de recelo por no haber sido reconocido por el comité noruego.

Timochenko luego escribió una declaración más amable para felicitar a Santos y a los países que han apoyado las negociaciones.

Esta mañana Santos dio un mensaje por cadena nacional en donde aseguró que seguirá trabajando por la paz por el resto de su vida. Dedicó el Premio Nobel a las víctimas de la guerra en Colombia.

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“Colombia, este premio es de ustedes, es por las víctimas y porque no haya una sola víctima más, un solo muerto más”, dijo Santos. “Debemos reconciliarnos y unirnos para culminar este proceso, y comenzar a construir una paz estable y duradera”.

Manuel Rueda is a correspondent for Fusion, covering Mexico and South America. He travels from donkey festivals, to salsa clubs to steamy places with cartel activity.