Eduardo Caudillo

CIUDAD DE MÉXICO — El domingo a las 9 de la noche, al caminar por la colonia Roma Norte de la Ciudad de México, se escucha el ritmo inconfundible del dembow. El sonido viene de un edificio antiguo con fachada afrancesada. En el balcón del segundo piso se encuentran unos jóvenes bebiendo al ritmo de la música.

Carlos Ballesteros, 30, se baja de un Uber junto con dos amigos y se dispone a entrar a la fiesta. “¿El reggaetón? Siempre me ha gustado,” me dice. “Pero antes si lo ponías en esta calle te mandaban a la verga”.

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Hoy por hoy, el reggaetón está sonando a todo volumen en las colonias de moda de la capital mexicana. Carlos y sus amigos suben las escaleras e ingresan al “Traición”, una fiesta con cover de $100 pesos (poco más de $5 dólares) que celebra la diversidad sexual y típicamente termina con casi todos “perreando” al ritmo de los mejores DJs de la escena alternativa chilanga.

Bar Bahía.
Eduardo Caudillo

El reggaetón tiene presencia en México desde los años noventa pero está pasando por un auge en la Ciudad de México de la mano de un nuevo público: los jóvenes clase media y alta.

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La música ha salido de los barrios marginalizados de la capital para adentrarse en el mainstream y los gustos de las élites. Implica esto que ¿la música está rompiendo las divisiones socioeconómicas de México? Bruno García o “BrunOG”, productor de grupos mexicanos de hip hop y reggaetón, dice que “es en las fiestas donde no hay barreras, afuera sí las hay”.

Las raíces del reggaetón mexa

El reggaetón surgió en Panamá y Puerto Rico durante los años ochenta, mezclando la música jamaiquina y panameña con las influencias del hip hop afro-americano y la soca de Trinidad.

El género llegó a México a través de Puerto Rico, primero al puerto de Veracruz, una ciudad que siempre ha tenido un fuerte vínculo con la cultura caribeña. Los discos pirata llegaban a la Ciudad de México y se vendían en el barrio de Tepito, epicentro de la piratería y la fayuca e incluso de las novedades culturales. De ahí se distribuían por otros barrios de la capital y el conurbano Estado de México.

En el 2000 surgieron los primeros grupos de reggaetón mexicano, como la banda veracruzana “La Dinastía”. Pero fue hasta 2004 que el sencillo “Gasolina” de Daddy Yankee puso al reggaetón a sonar en todo el país y a muchos mexicanos a bailar — o más bien perrear.

Eduardo Caudillo

En México al igual que en Puerto Rico, Cuba y Estados Unidos, el reggaetón ha sido tachado de machista, sexista, incluso algo que instiga la violencia y al embarazo adolescente. En el Estado de México, el reggaetón pegó en municipios pobres y densamente poblados como Coacalco, Ecatepec y Nezahualcóyotl. En la Ciudad de México, delegaciones como Iztapalapa y Tlalnepantla se convirtieron en los escenarios de los primeros “perreos”— como se le conoce a las fiestas callejeras de reggaetón.

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Desde su llegada fue un género musical controversial. Muchos lo veían y lo siguen viendo como algo “naco”, de mal gusto.

Y no todos ven con buenos ojos cómo se baila típicamente el reggaeton; la mujer frotando su trasero en las partes íntimas del hombre, a veces inclinándose hasta tocar el piso con las manos. En un país católico y conservador es un baile demasiado explícito y parece simular el sexo. En México sobran los bailes sensuales cómo la salsa y la cumbia, sin embargo, no hay nada tan obvio como el perreo reguetonero.  

Como se puso de moda en la Ciudad de México

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En los años noventa y principios de los 2000 la gente “fresa” y las élites mexicanas frecuentaban antros con música electrónica, rock, pop y otros géneros estadounidenses y europeos. Mucha gente busca música de fuera para sentirse superior, opina Lauro Robles, un joven también conocido como “Lao” que pertenece al conjunto de DJs N.A.A.F.I.

N.A.A.F.I. está conformado por varios egresados de la Universidad Iberoamericana, de jesuitas y privada. “Me gusta que esté de moda, siempre lo he sentido más cercano a mi realidad”, me dice Lao.

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Las percepciones han cambiado en la última década y media. La cumbia, el moombahtón (una mezcla de house y reggaetón), el tribal y el cumbiatón (una mezcla de cumbia y reggaetón) son algunos de los géneros latinoamericanos que los fresas han comenzado a aceptar.

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Varios sucesos ayudaron al cumbiatón y al reggaetón a salir de los barrios. En 2012 y 2013 los dos géneros empezaron a llamar la atención de periodistas y productores. Grupos mexicanos como El Under Style Crew y su líder DJ Pablito Mix, que tocaban en “tardeadas” de antros ubicados en la periferia de la capital, como la Spartacus de Nezahualcóyotl, comenzaron a mezclar en fiestas más fresas y hipsters en el centro de la ciudad. Otros músicos como DJ Crisis y DJ Bekman hicieron lo mismo.

En el festival Vive Latino 2014, uno de los eventos musicales más importantes para el rock y pop en español, DJ Pablito Mix hizo perrear a los asistentes. “La sabrosura invade el festival de los rockeros”, leía un titular del periódico La Razón.

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Hoy en día, las grandes estrellas del pop en español como Enrique Iglesias están colaborando con los reguetoneros para crear éxitos que se escuchan en toda América Latina.

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El reggaetón está siguiendo los pasos de otros géneros como el hip hop, el blues y la bachata, en el sentido de transformarse en un tipo de música que es para todos. “Ahora los éxitos de la gente pobre son populares”, me dice Frida Díaz Gaistardo, una joven que mezcla bajo el seudónimo de DJ Mataputos.

Pero todo depende de la audiencia para la que estás tocando, dicen otros DJs.

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“Cuando toco en fiestas más fresas, pongo rolas más comerciales. Pero en los barrios pongo el reggaetón más serio”, me dice Laura Puentes, una colombiana que mezcla en México bajo el nombre de Rosa Pistola.

Rosa Pistola
Eduardo Caudillo

El reggaetón como puente social

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El reggaetón se esté volviendo más mainstream y está creando vínculos musicales entre clases. Pero las divisiones entre quienes tienen y quienes adolecen siguen ahí.

Eduardo Caudillo, un diseñador que organiza fiestas en la ciudad desde hace varios años, me platica que en la mayoría de las fiestas los diferentes grupos sociales “se juntan pero no se mezclan”.

Sin embargo, hay antros que están intentando cambiar eso.

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El Bahía Bar es un establecimiento de la colonia Juárez que, según su dueño, no tiene “preferencia por la gente blanca”.

Los cadeneros de Bahía no seleccionan a los clientes en la puerta (como acostumbran la gran mayoría de los antros) y eso les permite tener públicos muy diversos, explica Fernando Ledesma.

Bar Bahía
Eduardo Caudillo

Bahía puede tener una fiesta de baile queer un viernes y una tocada de hip hop el sábado. Ledesma trata de promover un espacio donde todos son bienvenidos.

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En cuanto al reggaetón, dice que le parece “incoherente” que ahora los antros de fresas y hipsters hacen fiestas con nombres como “Puro Ghetto”, pues no dejan entrar a gente que parece del ghetto.

BrunOG, el productor chilango, dice que los espacios como Bahía fomentan una interacción entre jóvenes de diferentes estratos socioeconómicos.

BrunOG
Eduardo Caudillo

Dice que uno de los grupos que produce, un dúo conocido como T. Y., salió de uno de los barrios más pobres de Coyoacán y ahora tocan en lugares como el Hotel W de la elitista colonia Polanco.

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BrunOG opina que los eventos al estilo Bahía pueden lograr “una combinación de culturas”.

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“Es absurdo decirlo así porque somos lo mismo, todos somos de aquí”, me dice. Sin embargo, reitera que las divisiones entre los pobres y los ricos son muy difíciles de superar.

Definiendo el reggaetón “mexa”

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El reggaetón en México está en un proceso de definición. Lo más característico del género es el ritmo “dembow” y el baile del “perreo”. Pero el reggaetón “mexa” está incorporando sus propios elementos.

Una crítica común es que las letras de las canciones son demasiado sexuales y despectivas hacia las mujeres. Sin embargo, cada vez hay más mujeres DJ y un público queer que poco a poco está cambiando las reglas del juego.

En las fiestas de Bahía o Traición, es normal ver parejas hombre-mujer, mujer-mujer u hombre-hombre bailando al ritmo del reggaetón.

Eduardo Caudillo.

DJs como la chilena Tomasa del Real tocan hits con un alto contenido sexual pero desde la perspectiva del placer femenino. En su canción Hangover o “Resaca” ella canta, "Salí cogiendo, lame mis heridas/Me duele todo/Agarro mi mochila, nombre falso y un beso de despedida".

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El slang mexicano también está siendo incorporado. Por ejemplo, el dúo T.Y. reemplaza el término puertorriqueño “pana” por “vato” en sus canciones.

También, en México, el reggaetón se está mezclando con muchos otros géneros, entre ellos el hip hop, trap, R&B y cumbia.

“Hay muchas personas que dicen que no les gusta el reggaetón, pero lo entiendes hasta que perreas por primera vez”, me dice Caudillo, el diseñador y organizador de fiestas reguetoneras.

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“No somos tan diferentes”, me dice BrunoOG. “Vives cosas diferentes sólo por la zona [de la ciudad] en donde te toca vivir”.

Asegura que una vez que empieza la fiesta y fluye el alcohol las divisiones ya no importan tanto. “Literalmente, no hay barreras. Todos llegan a bailar, todos llegan a perrear”.

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La utopía se concreta por unas horas. Mientras suena el reggaetón se olvida cuánto dinero tienes, dónde vives y en qué te transportas.

Eduardo Caudillo

Al salir de la fiesta, unos piden un Uber para volver a la Roma o la Condesa mientras otros esperan hasta las 5 de la mañana, hora en que abre el metro.

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Pero eso sí, en la pista de baile sudaron, perrearon y gozaron juntos el mismo ritmo.

Como dice J Balvin, “Si te gusta el reggaetón, dale”.