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El teatro mexicano ha decidido protestar y defender a México mediante la iniciativa “Movimiento Teatro por la dignidad”. Este movimiento está compuesto por un conjunto de actores y dramaturgos que buscan defender la dignidad del país ante las amenazas e insultos del Presidente de Estados Unidos.

El grupo quiere que todas las obras que se presentan en México concluyan con la lectura de un manifiesto en contra de Donald Trump y así crear conciencia sobre lo que está en juego. El manifiesto busca que la audiencia participe y al salir del teatro presione a los gobernantes y las instituciones para que marquen su línea en cuanto a Trump.

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“Hacemos teatro en un país amenazado. El presidente más poderoso de la Tierra ha lanzado una cruzada contra los mexicanos y construye un muro empeñado en demostrar que las divisiones y la desconfianza son formas de protección”, lee el manifiesto que se publicó esta semana por el grupo de líderes teatrales mexicanos.

El grupo también está lanzando una convocatoria al Premio Internacional de Dramaturgia Teatro por la Dignidad, el cual se otorgará a la mejores obras con narrativas que difundan mensajes sobre la tolerancia.

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“El teatro puede servir para pensar en temas de interés público y de interés social en más comunidades. El teatro puede presentar, de manera más cercana al pueblo, los problemas de la gente y generar pensamiento”, me dijo Vidal Medina, dramaturgo y director teatral mexicano y colaborador en el “Movimiento Teatro por la dignidad”.

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“[Somos] conscientes del momento histórico que vivimos y de la amenaza que representa para los mexicanos y en general para el ser humano los discursos de odio, racismo y xenofobia”, me dijo Eleonora Luna, una colaboradora de la plataforma digital Dramaturgia Mexicana.

Fernanda del Monte, otra dramaturga que colabora con Dramaturgia Mexicana, explica que el “Movimiento Teatro por la dignidad” le recuerda al movimiento “Teatro por la Identidad” que se fundó en Argentina después de la dictadura y se usó para reflexionar sobre la violencia, las desapariciones y la falta de democracia que experimentó el país sudamericano por varios años.

“El teatro sí es un espacio donde siempre se ha podido dudar y reflexionar, y sobre todo contar otras historias”, me dijo del Monte en un correo electrónico.

También señala que espera que las conversaciones entre los artistas generen un cambio en la academia y los partidos políticos para que respondan ante las  amenazas de Trump.

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“Están tan invitadas la instituciones públicas federales y estatales como cualquiera. ¿Quién se pone el saco? No hay exclusión ni invitación especial, estamos convocando a todos los hacedores de teatro y a la sociedad a generar acción teatral y a sumarse sin mayores protocolos”, dijo el dramaturgo Luis de Tavira durante una conferencia de prensa el lunes.

Varias instituciones como el Centro Universitario del Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México, Cultura UdeG de la Universidad de Guadalajara, Carretera 45 Teatro, Casa del Teatro, Paso de Gato, El Milagro y Dramaturgia Mexicana, se han sumado al movimiento.

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Sin embargo, algunos actores y dramaturgos critican que el movimiento solo reconoce los problemas en el exterior y no aquellos que están dentro del país como la guerra contra el narcotráfico, la discriminación, la falta de oportunidades y la corrupción.

“Protestamos por el racismo explícito de [Trump], pero no decimos nada al respecto del elenco de la Compañía Nacional de Teatro, compuesto mayoritariamente de blancos, güeros y criollos ‘bien parecidos’”, me dijo el dramaturgo Martín López Brie. “La población morena y pobre de este país no está debidamente representada en los escenarios de teatro, ¿de qué dignidad hablamos entonces?”.

Pero si en algo están de acuerdo todos es que Trump sabe hacer muy bien el papel de antagonista. Los actores y dramaturgos me comentaron que es un personaje que sabe posicionarse ante los espectadores y dominar el escenario. Pero hay que subrayar que aún no logra ganarse el respeto del público.

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“Trump solo es un payaso, pero es peligroso porque está sostenido por el racismo y el odio que nosotros mismos aceptamos y promovemos”, concluyó Martín López Brie.