http://maxpixel.freegreatpicture.com/

Es menos probable que Estados Unidos logre las metas de emisiones que aceptó en la conferencia de cambio climático de París en 2015 ahora que Donald Trump es presidente. Las metas ni siquiera son suficientes para cumplir con los objetivos que se establecieron en el Acuerdo de París que buscaba mantener el calentamiento global debajo de 2°C.

Pero existen alternativas para los que quieren combatir el cambio climático. La idea se llama “tomar el cielo” e implica una movilización global para trabajar con los países más vulnerables y así retomar el control de nuestra atmósfera.

Advertisement

Trump ha prometido sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París. Ha nombrado a un ex ejecutivo de Exxon como su secretario de estado y está planeando una serie de cambios para el Plan de Energía Limpia de Obama y la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés).

Es verdad que el precio de las energías renovables como la solar y la eólica está bajando rápidamente. Los factores económicos podrían promover un giro hacia el uso de energía renovable. Sin embargo, si no luchamos, y si Estados Unidos y otros países siguen subsidiando con miles de millones de dólares a la industria petrolera, podría tomarnos mucho más tiempo cumplir con las metas de París.

Advertisement

Tomar el cielo

Advertisement

“Tomando el cielo” podría reducir las emisiones en menos tiempo. Por otro lado, ayudaría en la adaptación, la reducción de la pobreza, la percepción pública, y el combate a las políticas de la administración Trump y otros países que apoyan los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gases).

La propuesta establece un fondo para recolectar cuotas cuando se daña a la atmósfera. El dinero se puede usar para reducir la pobreza, revitalizar las comunidades y restaurar los bienes de la atmósfera.

La atmósfera es un bien común de todos. El problema es que es un recurso de “libre acceso”. Cualquier persona puede emitir dióxido de carbono sin generar consecuencias personales pero sí para todos los demás.

Cobrarle a las compañías y a los individuos por el daño de sus emisiones – por ejemplo un impuesto de carbono o un sistema de intercambio– podría reducir las emisiones. Sin embargo, aunque se han llevado a cabo algunos experimentos regionales sumamente interesantes, implementar un sistema como tal a nivel global ha sido casi imposible.

Advertisement

La sociedad civil global puede cambiar eso si ve a la atmósfera como su propiedad. Si afirmamos que todos tenemos el derecho al cielo, podemos usar las instituciones jurídicas para apoyar nuestros derechos de propiedad y proteger nuestra propiedad colectiva. También podríamos cobrar a los que le hacen daño y dar incentivos a los que la protegen.

Un fondo público

Advertisement

La Doctrina de los Bienes Comunes es un concepto legal que afirma que ciertos recursos naturales deberían ser preservados en un fideicomiso como bienes que sirven para el bien común. Bajo esta doctrina, es la responsabilidad del estado proteger los bienes y mantenerlos para el uso público. El gobierno no puede regalar o vender estos bienes públicos. La doctrina ya se ha usado en muchos países para proteger los cuerpos de agua, las costas, el agua fresca, la fauna, y otros recursos naturales.

Varias cortes han votado a favor de esta responsabilidad. De hecho, antes de la conferencia de París, un juez del estado de Washington decidió que el gobierno tiene “una obligación constitucional para proteger el interés del público en los recursos naturales que son preservados en un fideicomiso para el beneficio común del pueblo”. A principios de 2015, una corte de Nuevo México reconoció que el gobierno tiene la obligación de proteger los recursos naturales del estado  – incluyendo la atmósfera – para el beneficio de los residentes. Ese mismo año, una corte de los Países Bajos obligó al gobierno holandés a reducir las emisiones 25% dentro de cinco años.

Ahora es el momento para expandir este principio y así cubrir todo el capital natural y los servicios del ecosistema incluyendo la atmósfera, los océanos y la biodiversidad.

Advertisement

Advertisement

La creación del fideicomiso

Responsabilizar a los que contaminan no es tan complicado como parece. Solo 90 entidades son responsables por ⅔ del carbono emitido a la atmósfera.

Varios colegas y yo escribimos una carta pidiéndole a todas las naciones que establezcan un fideicomiso atmosférico para las generaciones del futuro. Los fondos podrían financiar proyectos de restauración o acelerar la transición a energías renovables que no son nucleares. Además, los gobiernos podrían cobrar por el daño actual mediante un impuesto de carbono u otros mecanismos.

Advertisement

Muchos de nosotros ya conocemos o tenemos experiencia con los beneficios de un fideicomiso. Existen fideicomisos privados de terrenos, como la Conservación de la Naturaleza en Estados Unidos que financia proyectos de protección ambiental. También hay fideicomisos de agua como el Fideicomiso de Agua Ambiental de Murray-Darling en Australia. El Fondo Permanente de Alaska y el Fondo de Soberano Noruego son otros ejemplos de fideicomisos que reservan regalías que provienen de la extracción de combustibles fósiles para el bien público.

Así como los gobiernos imponen multas en casos de derrames de petróleo o cualquier otro daño ambiental dentro de su jurisdicción, la creación de un fideicomiso es una oportunidad para hacer esto en una escala más grande. El fideicomiso mantendrá su transparencia en el internet y la publicación de cuentas sobre los proyectos financiados por los contaminadores.

Advertisement

Además, los gobiernos no necesitan estar de acuerdo con cada uno para crear el fideicomiso atmosférico. Como todos los gobiernos el mundo son responsables por este recurso natural, un conjunto de naciones podrían crear un fideicomiso e imponer sus multas.

Advertisement

Pero muchos gobiernos no han hecho nada y la presión de la sociedad civil será necesaria para convencerlos a actuar y a trabajar en contra de la resistencia del sector privado. Dicho de otra manera, necesitamos un movimiento para “tomar el cielo” como un fideicomiso para la sociedad global. Usar el marco jurídico aportado por la doctrina de los bienes comunitarios podría ser la solución.

Como ha dicho el senador estadounidense Bernie Sanders: “Cuando millones de personas empiezan a luchar, no nos rechazarán”. Ya es hora de declarar nuestro derecho a la atmósfera y un clima estable.

Necesitamos una coalición de grupos e individuos para declarar que la atmósfera es de todos, y exigir pagos de los que contaminan por el daño que han causado y para la restauración y el mantenimiento de nuestro clima.

Advertisement

La época de los combustibles fósiles va a terminar pronto. La industria está realizando sus últimos esfuerzos para vender sus recursos antes de que sea demasiado tarde. Las políticas y subsidios del gobierno están ayudando a estas compañías. Esto causará un daño severo a nuestra atmósfera común.

Advertisement

Sin embargo, si tomamos el cielo, creamos un fideicomiso atmosférico y le cobramos a los que más contaminan, podemos seguir promoviendo los incentivos para no invertir en los combustibles fósiles y destinar recursos para las energías renovables. Podemos acelerar la transición hacia el mundo de 1.5 grados que el Acuerdo de París busca lograr. Nuestra generación y las que siguen tomarán el cielo por nuestro bien común.

Robert Constanza es un professor y jefe del departamento de políticas públicas an la Crawford School of Public Policy, Australian National University

Advertisement

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

Professor and Chair in Public Policy at Crawford School of Public Policy, Australian National University.