AP

CIUDAD DE MÉXICO - Cuando me enteré que existía una “escuela de seducción” me imaginé a una bola de machos alfa presumiendo sus trucos para pendejearse a muchachitas e intentar acostarse con ellas.

Al final me dio tanta curiosidad que decidí gugulear más acerca del tema. Me acabé reuniendo la semana pasada con Iván Espinoza, un ingeniero chileno de 33 años de edad que se mudó a la capital mexicana hace año y medio para enseñarle a los chilangos el arte de la seducción.

Advertisement

“Seducir no es mentir. Seducir es que la otra persona sienta esa emoción y tenga el deseo de estar contigo”, me dijo Iván, quien cuenta con un certificado de LevantArt, una académica de seducción basada en Argentina y con sedes en Uruguay, Colombia y Chile. “La clase enseña como tratar a la mujer actual”, subrayó. “La mujer tiene el derecho de elegir. Tiene opciones. La idea es hacer que estos hombres sean la mejor opción para estas chicas”.

Iván no me quiso dar muchos detalles sobre en qué consiste el curso de ocho semanas y tampoco me dejó entrar a una de las sesiones. La mayoría de los estudiantes prefieren no revelar su identidad.

Advertisement

En 2008, los hermanos argentinos Martín y Andrés Rieznik fundaron la primera academia en Buenos Aires.

Advertisement

“Los dos estuvimos estudiando seducción por nuestra cuenta”, me dijo Martín en entrevista vía WhatsApp. Los hermanos leyeron varios libros sobre el tema y practicaron la teoría.

Martín me dice que tenían muchos amigos que no sabían cómo ligar y entonces decidieron enseñarles su nuevo modus operandi. “Decidimos abrir una escuela para divulgar este conocimiento a todos los hombres que están interesados en conocerlo”.

La academia asegura que no le enseña a sus alumnos a ver a las mujeres como objetos. Sin embargo, publica este tipo de imágenes en su Facebook.

Hombres de todas las edades se registran en las academias de LevantArt por diferentes razones, desde superar su timidez hasta acostumbrarse a la soltería después de salir de una relación larga y dolorosa.

Advertisement

Durante el curso, los estudiantes cumplen cuatro actividades grupales como ir a un bar para platicar con mujeres. Iván los acompaña para asegurarse que apliquen lo que aprendieron y detonen su potencial seductor. El instructor está ahí para animarlos y evaluar su interacción social y lenguaje corporal.

“Les decimos por ejemplo, ‘estuviste super bien interactuando pero tu lenguaje corporal fue muy cerrado’”, me explicó Iván. “También les enseñamos que el rechazo no te debe importar. El rechazo siempre va a estar. No es nada personal”.

Asegura que el curso es todo menos machista. Según él, la clase tiene como propósito que los hombres lleguen a sus propias conclusiones sobre lo que buscan en una mujer, más allá de su apariencia. Dice que el curso no se trata de memorizar piropos.

Imagen del sitio web de LevantArt.

“Mi interés al principio era acostarme con chicas y hacerlo lo más rápido posible”, me dijo Guillermo, un joven de 25 años originario de Cancún que tomó el curso. “Es una escuela para crear mejores hombres para las mujeres y para sacar lo mejor de uno mismo”.

Advertisement

Advertisement

“Nunca tenía un problema con las chicas, pero sentí que algo fallaba”, dijo. “Quería entender lo que realmente quieren las mujeres”.

Guillermo describe los seminarios de seducción como un curso de dinámica social y liderazgo.

“Ahora cuando hablo con mujeres trato de ver esa parte que me puede llamar más la atención que su físico”, me dijo el joven en entrevista telefónica. “Al fin al cabo las mujeres son seres humanos”.

Advertisement

Iván, el sensei de la seducción, me dice que siempre intenta ser un ejemplo a seguir. Afirma que salir con una chica nueva cada semana no es su estilo y que siempre ha optado por las relaciones de largo plazo. Sin embargo, su última relación lo hizo reflexionar. Me cuenta que su personalidad no era compatible con la de su ex pareja. Entonces empezó a estudiar el “arte de la seducción” para poder atraer a una mujer con sus mismos valores e intereses.

Iván le explica a sus alumnos el arte de la seducción.

“Hay un concepto muy tóxico en la sociedad que habla de encontrar tu media naranja. Te dice que no estas completo”, me explicó Iván. El instructor me cuenta que sus clases también promueven la independencia. Subraya que al final del día hay que saber a estar cómodo en tu propia piel. Hay que saber cómo estar solo.

Advertisement

Advertisement

Le pregunté a Iván cómo evitar que sus alumnos adopten tendencias sexistas. Muchas mujeres, entre ellas me incluyo, nos hemos sentido incómodas, incluso intimidadas por algún hombre que no quiere oír un ‘no’. Muchos se enojan, insultan y en ocasiones confunden la persistencia con la hostigación.

Este tipo de cursos podrían ser aún más problemáticos en México, un país con una epidemia de acoso sexual y violencia contra las mujeres.

“A veces la mujer dice ‘no, estoy hablando con mi amiga’. Entonces el hombre dice ‘Ay, para qué estás acá entonces?’ Les decimos que no lo hagan”, me dijo Iván. “Si el hombre llega así [poniendo su brazo en el hombro de la chica], está siendo muy invasivo”.

Advertisement

El mundo de los cursos de seducción – clases, escuelas, académicos y clubs secretos – ha existido por décadas. La subcultura ganó popularidad en 2005, cuando el periodista Neil Strauss publicó el libro The Game sobre los llamados pick-up artists (artistas de seducción) de Estados Unidos. El canal VH1 incluso lanzó un reality show sobre la vida de estos “artistas” y sus tácticas de ligue.

La subcultura ha sido criticada por muchos. Afirman que es una tendencia machista que glorifica la manipulación y el desprecio hacia las mujeres. Sin embargo, los exponentes del supuesto arte de la seducción argumentan que los métodos promueven la superación personal y no el engaño.

“Puede ser que sea mal entendido porque seducir es sinónimo de engañar para algunas personas,” me dijo Martín Rieznik, el cofundador de LevantArt. “Entiendo que algunos prejuiciosos lo vean mal, pero creo que esto sucede cada vez menos. En estos diez años que llevo en la seducción he visto que cada vez más se comprende lo que hacemos”, subrayó.

Advertisement

Advertisement

“Las personas más beneficiadas por las escuelas de seducción para hombres son las mujeres porque nunca un hombre que fue a una escuela de seducción va a acosar ni hacer algo desagradable”, afirmó.

Aún así, las clases de seducción siguen siendo un tabú incluso para los hombres que se aventuran a tomarlas. Se supone que el ligue se improvisa y para muchos admitir que necesitan ayuda para mejorar su autoestima y ser más aventados es algo vergonzoso.

También no es garantía que todos los hombres que se registran en los cursos buscan mejorar su vida social. No cabe duda que muchos quieren obtener una fórmula (la cual no existe) para atraer mujeres guapas y sentirse empoderados.

Advertisement

Los defensores del arte de la seducción insisten que el estigma es una malinterpretación de lo que en verdad hacen.

“He visto los comentarios en Facebook que la clase es para hombres fracasados que no tienen personalidad, pero no es así”, me dijo Iván. “No es una clase que te enseña a no sufrir, cada quien maneja sus emociones. Pero esta clase les puede servir a todos los hombres para entender mucho más las relaciones”.