AP

CIUDAD DE MÉXICO – La contaminación acústica es la acumulación de sonidos desagradables provocados por la actividad humana. El ruido excesivo en las ciudades ha impulsado leyes para regular este tipo de contaminación y evitar que altere el medio ambiente.

Según el grupo alemán Mimi Hearing Technologies GmbHi (Mimi), una compañia que investiga y personaliza las experiencias auditivas, los chilangos producimos un sonido ensordecedor.

Advertisement

La contaminación acústica la creamos todos, desde el guey afuera de tu casa que grita “ricos tamales oaxaqueños” hasta el fresita que arma fiesta en su depa y en la madrugada insiste en poner a Maluma a todo volumen. También la señora que a la menor distracción se pega al claxon.

La Ciudad de México es la metrópolis número 11 en el mundo con los peores niveles de contaminación acústica, según el ranking más reciente de Mimi y ocupa el octavo lugar en pérdida auditiva.

Mimi calificó a 50 ciudades usando datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del grupo de investigación SINTEF para desarrollar indicadores de contaminación acústica y pérdida auditiva. El estudio también incorporó información de más de 200 mil usuarios alrededor del mundo que bajaron la aplicación de Mimi para tomar un examen auditivo desde sus teléfonos celulares. Por ejemplo, la compañia estableció que la pérdida auditiva es la suma de la edad auditiva menos la edad actual del usuario.

Advertisement

Advertisement

La suma de los dos indicadores (pérdida auditiva y contaminación acústica) de cada ciudad generó una posición en el Índice Global Auditivo.

Ciudades como Guangzhou, El Cairo, París, Beijing, Delhi, Barcelona, Hong Kong, Shanghai, Mumbai y Los Ángeles encabezan la lista de las más ruidosas.

Pocas personas están al tanto de que la contaminación auditiva puede ser dañina para la salud y para muchos es una invención millennial. Sin embargo, los expertos advierten que se está convirtiendo en un serio problema para las poblaciones que residen en las grandes metrópolis.

La contaminación acústica es considerada como una forma de contaminación atmosférica. Es por eso que la capital mexicana está tomado cartas en el asunto. La Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México indica que el ruido máximo que puede percibirse desde el “punto de denuncia” al interior de una casa u oficina no debe exceder los 63 decibeles (el sonido tiene que ser menor que el ruido emitido por una aspiradora) de seis de la mañana a ocho de la noche. Los decibeles deben bajar a 60 entre las 8 de la noche y las 6 de la mañana. Al exterior, la ley establece los umbrales de ruido en 65 decibeles durante el día y 62 decibeles durante la noche.

Así que si tu vecino se pone a tocar la batería puedes reportarlo. Bueno, en teoría. El problema que tienes es que te denuncien como el viejito aburrido del vecindario.

Advertisement

Violaciones a las normas de contaminación acústica de la Ciudad de México pueden resultar en multas de hasta 40 días de salario mínimo o el arresto hasta por 24 horas.

Ranking de pérdida auditiva (Mimi).

Puede que pienses que esto es una estupidez. La Ciudad de México ya tiene demasiados problemas: crimen, violencia, acoso sexual, tráfico, pobreza y contaminación de varios tipos. Pero la auditiva, al menos, debe ser vista como un problema de salud pública.

Advertisement

Los efectos causados por el ruido van desde los sobresaltos corporales, dolor de cabeza, vasoconstricción, variación de la presión arterial, cansancio crónico, cardiopatía, neurosis, depresión y sordera, según la (OMS).

El organismo internacional afirma que el ruido cerca de las escuelas afecta diversos procesos cognitivos: a más de 40 decibeles se dificultan las actividades de cálculo, a los 50 disminuye la eficiencia, a los 55 se entorpece la memoria y a partir de los 60 hay dificultad para captar información auditiva.

Advertisement

El sonido que ronda los 64 decibeles resulta en un aprendizaje lento y a los 70 el estudiante experimenta problemas de comprensión de lectura.

Advertisement

También la OMS subraya que 1.1 mil millones de adolescentes y adultos jóvenes corren el riesgo de experimentar una pérdida auditiva por el uso de audífonos y reproductores de música.

La pérdida auditiva varía por país. Las naciones con altos ingresos sólo representan el 11% de la pérdida auditiva mundial, mientras que en América Latina y Asia (donde yace la gran mayoría de las megaciudades: con más de 10 millones de habitantes) residen el 57% de las casi 360 millones de personas que sufren pérdida auditiva. Los países con mayor pérdida auditiva suelen tener niveles más altos de desigualdad económica.

Ranking de contaminación acústica (Mimi).

La pérdida auditiva también tiene implicaciones económicas. Los estudios de la OMS afirman que la pérdida auditiva presenta un costo global de casi 750 mil millones de dólares al año. Esta abultada cifra incluye costos de apoyo educacional, pérdida de productividad y el costo social ya que la mayoría de los niños en los países en desarrollo que sufren de sordera o tienen pérdida auditiva suelen ser excluidos del sistema educativo.

Advertisement

Advertisement

Algunos estudios sugieren que el ruido puede ser bueno para la salud. La radio y la televisión acompañan a las personas que se encuentran solas y la música clásica puede ayudar a la concentración. Una buena rola también te motiva cuando estas haciendo ejercicio o a punto de declarar tu amor. El problema, sin embargo, está en el volumen.

La OMS recomienda la implementación de leyes para reducir la emisión de ruido. Si las leyes no se cumplen (el caso de México), Mimi recomienda evitar la saturación de ruido.

Por ejemplo, si recibes una llamada mientras ves la televisión, baja el volumen antes de contestar el teléfono. También mantén el volumen de tus audífonos o bocinas por debajo de 60% para evitar pérdida auditiva.

Advertisement

Mimi también sugiere que uses tapones de oídos si te encuentras en lugares con mucho ruido.

Aislarte del mundanal ruido es imposible, al menos que seas un monje ermitaño. Pero sí, habrá que tomar medidas para que los chilangos no perdamos una cosa más, nuestro oído.