Jason Riedy, Flickr/Creative Commons

Mientras Trump sigue lanzando órdenes ejecutivas, el destino de los inmigrantes indocumentados se vuelve aún más desalentador. En enero, el presidente firmó una orden que amplía el número de personas que pueden ser sujetas a la deportación. Ahora las autoridades migratorias no solamente buscan criminales violentos; casi cualquier persona que vive en Estados Unidos de manera ilegal corre el riesgo de ser repatriado. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha detenido a cientos de personas por todo el país, incluyendo al menos tres recipientes de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) — un programa establecido por el gobierno de Barack Obama que actualmente le permite a unos 750,000 jóvenes indocumentados trabajar y permanecer en Estados Unidos.

Sin embargo, se calcula que aproximadamente 267,000 adultos indocumentados también se encuentran en una posición complicada. Son indocumentados y también se identifican como LGBTI. Son conocidos como los “indocuqueers” y sus identidades sexuales aumentan las preocupaciones que tienen sobre su situación migratoria. El Vicepresidente Mike Pence y muchos de los miembros de la administración Trump son conocidos por oponerse a los derechos de la comunidad LGBTI. La comunidad queer ya experimenta un mayor nivel de criminalización en comparación con otras comunidades, según un estudio del Centro para el Progreso Estadounidense y el 'think tank' LGBTI Movement Advancement Project.

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El Proyecto de Inmigrantes Indocumentados Queer de la organización United We Dream (“Unidos Soñamos”) calcula que es 15 veces más probable que las personas queer sufran abusos y asaltos sexuales en los centros de detención que los heterosexuales.

Los indocuqueer también son estigmatizados dentro de sus propias comunidades.

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Algunos dentro de la comunidad de defensores de los derechos de inmigrantes perciben la identidad LGBTI como una amenaza a la imagen del “buen inmigrante” tradicional que se ha usado para avanzar la causa de la reformas migratoria. Los inmigrantes indocumentados que son queer también se sienten ignorados por la comunidad de activistas LGBTI que es blanca en su mayoría. Por consecuencia, muchos de ellos no tienen ninguna otra opción más que luchar por ellos mismos.

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Hablamos con cuatro personas sobres sus experiencias indocuqueer.

Diana Clock

Cuauhtémoc Salinas, 24, Los Ángeles, organizador comunitario y activista

Ser indocuqueer es tener una identidad muy complicada porque siempre tienes que salir del clóset dos veces, siendo indocumentado y homosexual. Muchas personas no piensan sobre la interseccionalidad. Cuando desarrollan espacios para compas que son LGBTI, no piensan sobre los indocumentados trans. O muchas veces entras a un espacio de la comunidad indocumentada, y te sientes desconcertado cuando las personas te dicen cosas homofóbicas. Empiezas a pensar: “Pensaba que esto era un espacio seguro”. Nunca he estado en un espacio donde me siento completamente seguro.

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Recuerdo haber viajando en autobús un día antes de la elección presidencial y alguien gritando “¡Regresa de dónde viniste!”. Y le respondí: “Yo soy de aquí”. [Salinas llegó a Estados Unidos de México cuando tenía dos años]. No he experimentado [el acoso] desde la elección; creo que es porque ahora me estoy protegiendo más. La única vez que salgo fuera es cuando estoy en el trabajo. No sé si  voy a volver al clóset; más bien es que ya sé que espacios me van a aceptar.

Me siento privilegiado por haber recibido DACA, pero creo que simplemente sirve como una cobija que me cubre. Me lo pueden quitar en cualquier momento. Estoy viviendo el día a día. Me hace sentir mal decir eso porque soy activista, pero es todo lo que tengo. Si es mi último día, lo necesito aprovechar al máximo.

Diana Clock

Bismark, 19, Área de la Bahía de San Francisco, organizador comunitario

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Cuando me empecé a organizar con la unión de estudiantes indocumentados en mi universidad, mencioné que soy queer y hablé sobre el espectro de los géneros. Me dijeron: “Eso es demasiado difícil para aprender” y que “necesitamos enfocarnos en los compas indocumentados”. Sólo luchan para las personas heterosexuales, a pesar de que los LGTBI son más criminalizados, sufren más de enfermedades mentales, y son más vulnerables a estar sin un hogar.

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Como no me conformo a los estándares de género, creo que yo represento el hombre y la mujer, y ninguno al mismo tiempo. Mi padre me corrió de la casa una vez por traer una flor en el cabello. Llegué a la casa con maquillaje en otra ocasión. Eso lo enojó, y se convirtió en una confrontación muy furiosa y un poco violenta. Conseguí otro trabajo para subsistir y para que no tenga que estar en la casa por tanto tiempo.

Desde la elección, he empezado a experimentar la disforia de género. Varias personas poderosas básicamente están diciendo: “Un hombre es un hombre. Una mujer es una mujer”. ¿Entonces qué soy yo? ¿No existo? También cuestiono mi seguridad mucho más. ¿Qué tal si me expreso de cierta manera? ¿Cómo me puedo proteger?

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He recibido mensajes de odio en Facebook. Tengo miedo por mi mismo y por mi familia, aunque no nos llevamos bien. Me he asegurado de que conozcan sus derechos y les he sugerido que empiecen a ahorrar dinero para un abogado. He sobrevivido el abuso sexual, así que tendría mucho miedo si me detienen. A muchos compas no les gusta reconocer la realidad de que las personas queer y transgénero son violadas en detención más que otros grupos.

Sin embargo, ya no nos podemos esconder. Simplemente no podemos. Ya estuvimos en el clóset. Ahora es tiempo para levantar nuestras voces sin miedo.

Tony Mauro Ruiz

Yosamir Reyes, 28, Los Ángeles, Becario de artes de “Defina Americano”

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Ser queer me ha ayudado a ser más empático con las personas que viven con vergüenza, incluso las personas indocumentadas. Cuando uno es indocumentado, es muy difícil establecerse. No tienen ningun recurso. Mi segundo año de la preparatoria fue el más difícil. Aquí estoy, indocumentado, durmiendo en el piso de la sala, hay demasiada gente en mi casa, y tengo que aceptar que soy queer. Empecé a rescitar poesía Spoken Word. Era mi forma de terapia.

Siento mucho más ansiedad ahora. Sin embargo, ahora tengo más intenciones de cuestionar todas estas narrativas de las personas indocumentadas sin agenda. Al principio, muchas de nuestras historias fueron dirigidas a los ciudadanos documentados para generar una crisis moral entre ellos, pero no hubo suficiente enfoque en darle poder a nuestras propias comunidades — empleos para nosotros, creados por nosotros. Quiero ir más allá y mostrar más que nuestra adversidad; sabemos cómo ser alegres cuando toda una nación piensa que somos desechables. Levantarse cada día y decidir participar es un acto de rebeldía.

Recuerdo una conversación entre líderes de la comunidad LGBTI de cómo abordar el tema de los inmigrantes indocumentados que son gay. “Primero preocúpense de los ciudadanos gays. Luego nos preocuparemos de las personas indocumentadas que son gay”. Eso es una declaración muy limitante. Desde la elección, no hemos visto ninguna organización que representa la comunidad LGBTI que ha salido a decir: “Apoyamos a nuestros hermanos y hermanas indocumentados”. No somos una prioridad, entonces deberíamos empezar a organizarnos nosotros mismos.

Diana Clock

Julio Salgado, 33, Bahía de San Francisco, artista

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Si eres queer, los activistas de movimientos sociales normalmente te dicen que “dejes tus metas para la comunidad gay por un lado”. En la comunidad de los defensores de los derechos de inmigrantes mucha gente quiere que los medios muestren la imagen perfecta de un inmigrante heterosexual. Sin embargo, muchos de los compas que organizaron las acciones de protesta para la ley de los DREAMers eran queer. Empecé a crear imágenes de personas indocuqueer porque no quería que la gente se olvide de que ellos fueron los que arriesgaron sus vidas. Unas personas me critican por ser divisivo, pero no todos los indocumentados tienen los mismos problemas.

Últimamente, o me vuelvo loco o pienso que todo va estar bien. Ya que el gobierno tiene la información de mi solicitud de DACA, me preocupa que no sólo me busquen a mí, sino a toda mi familia, quienes no están protegidos bajo el programa de DACA. Voy a regresar a vivir a Los Ángeles este verano para estar más cerca de mi familia en caso de que algo pase.

El otro día, alguien en el tren empezó a decir unas pendejadas muy homofóbicas. Estoy relativamente seguro aquí, ¿pero qué tal las personas en el sur o el medio oeste? Si alguien me ataca, voy a pelear para protegerme. Si no, ¿le llamo a la policía y me meto en problemas, o pongo a mi familia en riesgo de ser deportados? Duele tener que pensar así.

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Quiero agradecerle a la gente por ser más conscientes de incluir a las personas indocumentadas y queer. Por ejemplo, muchos de mis amigas que son mujeres inmigrantes queer están organizando clínicas legales. Los ciudadanos documentados nos pueden ayudar como aliados al tener conversaciones incómodas sobre género y política con sus amigos y familias. Si conoces a alguien indocumentado, dales tu número en caso de alguna emergencia. Necesitamos que estes ahí para nosotros.

Diana Clock is a visual journalist based in Northern California. Her work has recently appeared in PBS, Bay Area News Group, the Bold Italic and VICE.

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Melissa Pandika is an independent journalist whose writing has appeared in Discover, the Los Angeles Times, VICE, OZY and other outlets. She lives in Berkeley, California.